María había estado enamorada de José por varios años. En cada salida que hacían, casi siempre una vez a la semana, pasaban por situaciones del tipo: casi te miro, casi te digo, casi te toco, casi te beso.
Ella es del tipo de mujer que espera, del romántico, del tipo que puede pasarse años sin poder decir te amo por el pánico que le da que le rompan el corazón. La esperanza de la posibilidad es lo único que conoce y lo único que la mantiene a salvo.
Marcelo, el psicólogo de María, un día le presentó a un hombre de política, Guillermo, con el cual mantuvo varias reuniones promisorias y una vez más, esperanzadoras. Guillermo, a su vez, la veía como la mina que nunca tuvo y jamás iba a poder tener, ella era políticamente incorrecta y lo sabía. Obvio, no por eso iba a desechar un buen polvo. Su plan para lograrlo fue jugar de marido recién separado, cornudo, abandonado y necesitado de afecto. Ya lo había usado varias veces y sabia que funcionaba sin excepción. El diálogo que marcó su pronta victoria fue este:
- ¿A donde vas a la noche?, dijo Guillermo con cara de ingenuidad
- Al Danzón, a escuchar jazz.
- Yo nunca fui ahí.
- ¿Nunca? Que raro, se come muy bien y la música es buena. Si no te molestan las histerias esta bien.
Se quedó mirándolo y vio en él cara de tristeza infinita, de niño desprotegido, entonces agregó:
- ¿Querés venir?.
Gol.
Él la pasó a buscar puntual, pero María tardó varios minutos en bajar. Mujer al fin, no sabía que ponerse para la situación, pensaba: esto es mucho, de jeans no puedo ir, esto es transparente: ni en pedo. Al final bajó y lo vio esperándola en su Volvo verde oscuro, lo único que lo hacia sentirse seguro, junto con su casa de San Isidro y su departamento en Barrio Parque.
En el momento que entró al Danzón, María saludó a sus amigos y se dio cuenta que había cometido un error, ella no debía estar ahí con él, sabia que había cruzado una linea que no tenía retorno.
Como teléfono de buen político, éste, no paraba de sonar; y él trataba de hacerla cómplice de todas las maneras posibles, eludiendo personajes con destreza, algo que ella disfrutaba demasiado: el saber como.
Lo que detonó el pánico de María fue cuando él atendió uno de sus llamados, el de su hija mayor, ella se sintió incómoda, no estaba acostumbrada a no estar en primer lugar, no le interesaba escuchar si la nena se iba a acostar temprano o si se habia lavado los dientes. Aprovechando esta situación llamó a José desde su celular pidiéndole ayuda, que por favor fuera a buscarla. Para su sorpresa él estaba entrando al restaurant. María lo llego a ver con el celular aún en la mano, acompañado de un amigo y dos mujeres. Si, una de ellas estaba con él. María segura de su cuerpo, la miró y se comparó, sonrió porque se sabia más mujer, su culo era mucho mejor, su cuerpo entero tenía una armonía lograda por horas de dedicación. Igualmente la odió, con ese odio femenino: con despecho.
A María se le notaba en los ojos, en su sonrisa transformada en sólo una mueca. Hubo un segundo en que los tres se miraron al mismo tiempo, como queriendo hacerse preguntas, así a los gritos, pero solo fue un segundo.
José nunca la saludó a María, y ella le devolvió risas de comodidad.
Al terminar de comer, José se levantó para ir al baño, rápidamente María se excusó con Guillermo y apuró sus pasos tras él.
- No me saludaste
- Te estabas divirtiendo parece
- Sabes que no
- Esta escenita en vestíbulo de baño no da. Así no.
María dio una vuelta de 180º sobre su eje y regresó a la mesa, donde Guillermo la esperaba impaciente. Ella supo que su nivel de bronca había llegado a su límite y su forma de demostrarlo fue riéndose cada vez más fuerte, logrando que José, finalmente se levantara y dijera como un anuncio:
- Basta.
Cándidamente María pensó que el se dirigía hacia ella. Esperanza-desilusión: fue hacia la puerta de salida.
Cuando María y Guillermo se levantaron para retirarse, ella se dirigió al guardarropas. En un bolsillo encontró un papel y al abrirlo reconoció la letra de José.
NO SE MEZCLAN LOS NEGOCIOS CON EL PLACER.
A la semana José y María hablaron de amor por primera vez.
Continuará.