Hannibal

April 25, 2006

Por primera vez estoy haciendo dieta en mi vida.

Si me llegas a cruzar por la calle y notas mi mirada como encendida,
si ves que mordisqueo mi labio inferior,
y que tengo una sonrisa de placer futuro.
Si te llego a acariciar y a agarrar fírmemente los brazos y te separo de mi para apreciar tu cuerpo:
no me hago cargo,
vas a ser, junto con una copa de tinto, el *permitido de la semana*.

Agenda

April 18, 2006

7:00 - Gimnasio. Clase de Body Combat.
9:30 - Desayuno: Café con leche, tostadas, queso blanco y mermelada de frambuesa.
10:30 - Robo al Banco.
11:00 - Depositar *mi parte* en el Banco de la Esquinadecasa.
11:30 - Llamar al trabajo y avisar de un viaje relámpago a las Islas Caiman.
12:00 - Sacar pasajes.
13:00 - Almuerzo con *las chicas* en el Sushi Clú.
15:00 - Comprarme un buen par de zapatillas para correr.
15:30 - Clase de Yoga
16:15 - Pasar a buscar a *mi amor* por el trabajo.
17:30 - Ezeiza.

Acorralada

April 11, 2006

Estuve todo el día encerrada entre cuatro líneas.
Cuando finalmente salí me encontré rodeada por curvas, contracurvas, arcos y elipses.

Menos mal que pude escaparme por la tangente.

África mía

April 7, 2006

Sueño un sueño infantil.
Sueño con palmeras y juegos en la sombra marina.
Sueño y recuerdo a mi padre haciendo barbacoa de barracuda, mientras oigo los gritos de mi madre tratando de esquivar rayas en el agua.
Miro a mi hermana mientras Pourbang le baja un coco y se lo acerca.
Sueño a Tamba, como todas las tardes, pidiéndome un paseo por la orilla.

Soñé con aroma a hogar.

Ayer soñé con casa.

Haciendo amigas

April 6, 2006

Toda mujer en el momento del parto pierde neuronas de manera masiva.

Esto, esta absolutamente comprobado.

A su vez, esta comprobado que esa cantidad de neuronas no son transmitidas al niño recién nacido; por lo tanto, el enunciado de esta hipótesis sería:

Toda mujer en el momento del parto pierde junto con la placenta una infinita cantidad irrecuperable de neuronas.

Baulera

April 2, 2006

Hoy, revolviendo, me encontré con la época en que mi mano era mucho más chica que la tuya, cuando yo podía abrazarte sólo un dedo y quedarme horas con la cabeza apoyada en tu pecho hasta quedarme dormida.
Lástima que la tuve que volver a acomodar y dejarla ahí, esperando mi próxima visita.

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